lunes, 27 de febrero de 2012

El Regalo de la Culpa

“¡Vaya, Laurita si que ha ganado peso...se ve terrible!”

Cuando le dices eso a alguien que no es Laurita, no te sientes tan culpable. ¿Pero qué si Laurita escuchó a lo lejos y después lo realizaste? Seguramente pasaría una de dos cosas: (1) Jamás querrías ver a Laurita de nuevo en toda tu vida, o (2) le pedirías perdón eternamente. ¿Por qué será que en un momento estabas tan ignorante de tu malhechura y en el otro tan avergonzado? La diferencia, por su puesto, es la presencia de Laurita.

Esta clase de faltas no solamente afectan nuestras relaciones horizontales, ya que de manera constante actuamos similarmente en nuestro andar con Dios. Lo que llamamos vergüenza delante de otra gente, lo llamamos culpa delante de Dios. La Escritura enseña que todos conocemos a Dios, pero tratamos de mantener ese conocimiento en el limbo (Rom. 1:21). Para aquellos que satisfactoriamente suprimen ese conocimiento, Dios pareciera estar muy alejado. Por lo mismo, la culpa de una vida pecaminosa también parece ser una memoria distante. Para los cristianos, en quien el conocimiento de Dios se ha manifestado mediante la obra sobrenatural de su Espíritu Santo, la culpa es muy palpable y nos afecta mucho más de lo que pensamos. Y eso es una muy buena señal, ya que la culpa es al alma como el dolor es al cuerpo; si no tuvieras dolor, no sabrías que tu cuerpo está enfermo. De la misma manera, si no tuvieras culpa, no podrías determinar la situación de tu alma ante Dios.

La culpa es algo bueno, de hecho, ¡Es un regalo! Significa que Dios se está moviendo en tu vida, dándote gracia para ver tu pecado y cambiar en lugar de ser ciego ante él. Si no puedes encontrar culpa en tu vida inmediatamente, bien pudieras cuestionarte las siguientes preguntas que te ayudarán a escarbar más allá de la superficie:
Si vieras a Dios hoy cara a cara, ¿Habría algo de lo que te avergonzarías?
Si se revelaran tus pensamientos hoy, ¿Te esconderías?
Cuando Dios buscó a Adán y Eva después de haber pecado, dice la Biblia que ellos “escucharon la voz de Dios que andaba por el jardín y....se escondieron de la presencia de YHWH Dios tras los árboles del jardín” (Gen. 3:8, mi traducción). ¿Por qué será que no se escondieron antes de escuchar la voz de Dios? Sin duda que ellos pensaron que Dios estaba distante, y que seguramente Dios no se daría cuenta de su desobediencia. Pero Dios siempre estuvo ahí aun cuando la serpiente hablaba con la mujer. Qué ingenuos, ¿No es cierto? Huir y esconderse de quien lo ha visto todo, y peor aún, de quien es el único que puede salvarnos.

El evangelio es la única solución a una vida culpable. “En descanso y en reposo seréis salvos, en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isa. 30:15, RVR1960). Es en el evangelio que encontramos que la culpa de nuestros pecados la llevó Cristo en la cruz, y la justicia de Cristo ahora la llevamos nosotros. Es esta justicia que nos hace ver cada día más como él. Dios simplemente nos dice que confiemos en él y no en nosotros mismos.

Cuando entendemos esto, la culpa se transforma en un regalo y podemos exclamar con el apóstol Pablo, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. (1 Cor. 3:18, RVR1960, mi énfasis)

Coram Deo. Amen.



domingo, 12 de febrero de 2012

Spurgeon : El hombre más santo en la iglesia

Si yo eligiera de entre esta congregación al hombre más santo, y le pidiera que pasara al frente y le dijera: "bien, señor, yo conozco todos sus pensamientos, y estoy a punto de contarlos," estoy seguro que me ofrecería el soborno más grande que pudiera conseguir, para que yo ocultara al menos algunos de ellos. "Cuente," me diría, "mis acciones; de ellas no me avergüenzo; pero no cuente mis pensamientos ni mis imaginaciones: de ellos siempre estaré avergonzado delante de Dios." Cuán grande, entonces, pecador, será tu vergüenza cuando tus lascivias secretas, tus transgresiones privadas, tus crímenes ocultos sean anunciados desde el trono de Dios, y publicados por Su propia boca, y con una voz más fuerte que mil truenos sean predicados a los oídos del mundo congregado. Cuál no será tu terror y confusión entonces, cuando todas las obras que has hecho sean publicadas a la faz del sol, a los oídos de toda la humanidad. Oh, renuncia a la insensata esperanza de sigilo, pues tu pecado ha sido registrado en este día, y será publicado un día en todas las paredes del cielo.




Nota: Extracto de un sermón en el Salmo 19:12

miércoles, 25 de enero de 2012

¿Por qué predicar versículo por versículo?

Escuché la historia ficticia de un hombre con problemas de depresión quien se encontró una Biblia y se preguntó si encontraría la respuesta a sus problemas en ese libro del que se le había dicho que tenía poder de Dios. El hombre abrió su Biblia y leyó “Judas fue y se ahorcó” (Mat. 27:5). El hombre creyendo que Dios le hablaba mágicamente, volvió a cerrar y abrir la Biblia y leyó “Jesús le dijo: ve tú y haz lo mismo” (Lucas 10:37).

Tristemente, no solamente existen personas que leen la Biblia como este hombre, sino que hay predicadores que sin saberlo, exponen la Biblia de esa manera. Estoy convencido que predicar de una manera expositiva es la manera más saludable de alimentar a la congregación. Es cierto que por naturaleza nos gusta predicar algún tema que ya tenemos en mente como el amor de Dios, o la unidad de la iglesia. El problema con predicar de manera temática, es que siempre predicaremos los temas que más nos gustan y evitaremos los temas que no entendemos o que no estamos practicando en nuestras vidas. Predicar temáticamente es un tanto peligroso porque muchas veces se toman versículos al azar, fuera de contexto, para probar lo que yo quiero decir antes de si quiera haber abierto la Biblia

Por otro lado, predicar expositivamente, versículo por versículo, libro por libro, desata muchas verdades que el predicador ni si quiera se había puesto a pensar. Una de las preguntas que hace la hermenéutica es: ¿Qué es lo que el autor quiere decir con este libro? Y la respuesta obviamente es que tenemos que leer y entender el contexto de todo el libro para poder tener una teología Bíblica.

5 Razones por las que debemos predicar expositivamente:
  1. Asegura a la congregación de que es la palabra de Dios. Cuando predicamos versículo por versículo, podemos decirle confiadamente a la congregación, “Hermanos, esta es la palabra de Dios, no son mis ideas...de hecho ni si quiera es mi argumento, es el argumento que Pablo está haciendo en todo el capítulo”.
  2. La Escritura es suficiente para cubrir las necesidades de la congregación. A veces pensamos que algún tema que tenemos en mente es lo que la iglesia realmente necesita, pero la palabra de Dios es suficiente para discernir las intenciones del corazón (He. 4:12).
  3. Da consistencia a los sermones. La congregación puede estar estudiando a la par del predicador la lógica del libro de la Biblia en el que se está predicando y esto puede dar consistencia al crecimiento de la iglesia.
  4. Le da concentración al predicador. Este punto tal vez es un poco más práctico, pero el predicador puede dejar de preocuparse en qué le va a compartir a la congregación el siguiente Domingo, ¡Simplemente hay que ponerse a estudiar el siguiente capítulo!
  5. Es un reto para el predicador. Predicar expositivamente alienta a estudiar más los pasajes que no nos gusta estudiar, pero al final, es mucho más enriquecedor.
Por último, creo que la parte más importante de predicar versículo por versículo, es que la gente a la que le predicamos va a leer su Biblia de igual manera. Si predicamos temáticamente, ellos no van a tener un orden en su lectura diaria. Si predicamos expositivamente, la congregación tendrá un ejemplo de cómo leer la Biblia entera. No queremos que nuestra congregación lea la Biblia como si fuera una bola de la suerte. Queremos que sean diligentes y eruditos en su estudio de lo que Dios nos ha dicho en su palabra.






lunes, 21 de noviembre de 2011

Libros para el Invierno

El semestre ya termina, y esos libros en el estudio no pueden esperar a ser leídos por estos ojos tapatíos:
  • Einstein; His Life and Universe: Walter Isaacson
  • Jonathan Edwards; A life: George M. Marsden
  • Faith and the Presidency: Gary Scott Smith
  • We are what we worship; A Biblical Theology of Idolatry: G.K. Beale
  • When People are Big and God is Small: Ed. Welch
  • Reaching and Teaching: David Sills
  • An hour before daylight: Jimmy Carter
  • Bonhoeffer: Eric Metaxas
  • Comparing the Quran and the Bible: Rick Richter
  • Growing up Amish: Ira Wagler
  • Resonant Witness; Conversations between Music and Theology: Steven Guthrie
  • The Cambridge Companion to Thomas Aquinas: Norman Kretzman
  • The Code Book: The Science of Secrecy from Ancient Egypt to Quantum Cryptography: Simon Singh

Tal vez alguno de estos les interese. ¿Qué piensan leer ustedes? ¿Sugerencias?

“Resuelto: Nunca perder un momento de mi tiempo; sino utilizarlo de la mejor manera que pueda.” - Jonathan Edwards.



domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Por qué me haces esto?

Escuché la historia de una joven quien no quería ser vista en público con su madre porque sus manos estaban terriblemente desfiguradas. Un día, mientras las dos iban de compras, la madre extendió sus manos para coger las despensas, y un hombre la miró horrificado. Al llegar a casa, la joven estaba llorando, quejándose con su madre de lo avergonzada que estaba de ella.

La señora se fue muy herida a su cuarto y volvió con su hija una hora más tarde. “Cuando eras una bebé,” dijo la madre, “desperté una noche y la casa estaba en llamas. Corrí a tu cuarto que parecía un infierno. Había llamas por todos lados. Me pude haber salido sin ti, pero prefería morir contigo que dejarte sola ahí. Así que atravesé las llamas, te tomé y te protegí con mis manos. El dolor era insoportable pero el gozo de que las llamas no te hayan herido a tí era incomparable”.

Atónita, la joven vio a su madre con nuevos ojos. Gratitud y vergüenza provocaron que lágrimas escurrieran por sus mejillas. No paraba de besar las manos y brazos de su madre.

Mucha gente se pregunta si Dios realmente es empático con nuestro sufrimiento. Pero la Biblia va mucho más allá diciendo que Dios no solamente se conduele, sino sufre con nosotros. Jesús es Dios; lo que él sufrió, Dios sufrió. Pablo les recordaba a los Romanos que “Dios muestra su amor con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom. 5:8). Pablo no dice que Dios muestra su amor para con nosotros sintiéndose mal o teniendo empatía por nosotros. El amor de Dios es activo. Al ver nuestra miseria, Dios hizo algo que terminaría con nuestro sufrimiento eterno. El problema del sufrimiento culmina en la persona de Jesús. Estoy convencido de que él es la única respuesta. Sufrimos por un poco de tiempo porque sabemos que este mundo no es el final, y es hasta que estemos de rodillas ante el trono de Jesús que ya no habrá más dolor. Mientras tanto, seguimos cantando:

“Entenderemos nuestras angustias, entenderemos nuestro pesar; hermano mío, nunca desmayes, todo en el cielo se ha de aclarar.”

Cuando estés pasando por sufrimiento y te sientas tentado a preguntar: “¿Por qué me haces esto a mi? Mira a la cruz y pregunta, “¿Por qué hiciste eso por mi?


sábado, 12 de noviembre de 2011

Lutero en Romanos 1:17

El nucleo de la Reforma durante el siglo XVI principalmente un entendimiento diferente de la doctrina de la justificación. Para Lutero, el problema en su mente acerca de la justificación comenzó cuando leyó Romanos 1:7, “Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: ‘Mas el justo por la fe vivirá’”. Su conciencia estaba tan atribulada que Lutero comentó en este pasaje que “odiaba la frase ‘la justicia de Dios’, que conforme a la costumbre y uso de todos los eruditos, había sido enseñado a entender este pensamiento filosóficamente, en el sentido de la justicia formal o activa por la que Dios es justo y castiga a los pecadores injustos”. Mientras Lutero meditaba en este versículo, declaró que fue entonces que “empecé a entender ‘la justicia de Dios’ como la justicia por la que el hombre justo vive a través del regalo de Dios, es decir, por fe”. Este momento desató la pasión de Lutero por reformar la Iglesia. La teología de Lutero nunca volvería a ser la misma a la sostenida por la Iglesia Católica. “Desde ese momento”, dijo Lutero, “la completa faz de la Escritura fue cambiada para mi”.

Años después, cuando Lutero meditaba en cómo su entendimiento de las Escrituras había sido transformado por este pasaje, aquel odio por la justicia de Dios había sido cambiado por un amor apasionado. “Y ahora, al mismo grado en que antes odiaba ‘la justicia de Dios’, ahora he aprendido a amar y exaltar ese verso como el más dulce de todos. Esto verso de San Pablo fue las puertas del paraíso para mi”.








Notas: Martin Luther, Autobiographical fragment.

domingo, 30 de octubre de 2011

Hoy Celebramos: La Reforma en Zurich

Mañana estaremos celebrando 494 años de la Reforma Protestante. Para leer un pequeño abstracto de lo que pasó el 31 de Octubre de 1517 en Wittenberg, Alemania, pueden ir a esta entrada que escribí hace un par de años.

En la segunda parte de “Hoy Celebramos”, este año he escrito la biografía de otro personaje que tuvo un rol muy importante en la reforma de Zurich, Suiza.
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Los vientos de la Reforma Luterana habían encontrado su camino a través de los Alpes Suizos. Ulrico Zwingli debatía sus 67 tesis que comenzaban diciendo, “Todo aquel que diga que el Evangelio es inválido sin la confirmación de la iglesia, erra y difama a Dios”. Las tesis de Zwingli enfatizaban la autoridad de Cristo sobre la iglesia (“Cristo es el único mediador entre Dios y nosotros”, decía otra tesis de Zwingli”). La Reforma en Suiza estaba en su camino y Ulrico Zwingli jugaría un rol muy importante en los primeros años.

Al graduarse de la Universidad de Basilea en 1506, Zwingli se convirtió en sacerdote en la ciudad de Glarus. El reformador tomaba seriamente sus tareas sacerdotales. Unos años más tarde escribiría, “Aunque era joven, las tareas eclesiásticas causaban en mi más temor que gozo, porque yo sabía, y estaba convencido de que daría cuentas de la sangre de las ovejas que morirían a causa de mi negligencia”. Pero le tomó tiempo a Zwingli el descubrir el poder de las Escrituras, y una vez que lo hizo, se enamoró de ellas. A raíz de esto, aprendió Griego sin que nadie le enseñara, y memorizó grandes porciones del Nuevo Testamento. Con el Hebreo no tenía mucha simpatía pues decía que era un estudio “detestable y melancólico...Pero debo persistir hasta que obtenga algo de ello”.

En privado, Zwingli empezó a cuestionar algunas ramas culturales del Cristianismo que se tomaban como dogmas. Una de ellas era el celibato. Ulrico admitió con vergüenza que cuando era un joven sacerdote, había tenido una aventura con una monja. En su propia cabeza se había convencido de que el matrimonio no era tan malo después de todo, así que se casó secretamente en 1522; matrimonio que se mantuvo así hasta publicarse dos años más tarde al convencerse cada vez más de que los pastores tenían el derecho de casarse.

Su pasión por la verdad le llevó a convencer a la ciudad de Zurich que el milagro de la transubstanciación en la Misa Católica debería ser reemplazado por una simple conmemoración simbólica de la Cena del Señor. Este dilema no permitiría que la iglesia Alemana y la Iglesia Suiza se unieran, ya que fue en la ciudad de Marburg, en 1529 --12 años después de que las tesis de Lutero fueran clavadas en Worms-- que Zwingli conocería al reformador Alemán en persona. Aunque estos dos teólogos estuvieron de acuerdo en 14 puntos doctrinales, fue el 15avo que los puso de nervios: La Cena del Señor. Lutero insistía en que la presencia del Señor en el pan y el vino era literal. Zwingli, por el otro lado, sostenía que la presencia del Señor en este sacramento sólo era simbólica.

Cuando los argumentos no dieron para más, Lutero no pudo contener ese carácter que le haría famoso. Su acusación hacia Zwingli fue que “era del demonio y que no era nada más que una nuez comida por gusanos”. Zwingli, al ser ofendido, dijo que Lutero lo había tratado “como un asno”. Tristemente, estos dos reformadores no podrían reconciliar sus diferencias.

Es muy evidente que la historia tan sólo declara una y otra vez que Dios se deleita trabajando en vidas muy débiles. Lutero y Zwingli, con todo y sus diferencias fueron utilizados grandemente por Dios, y hoy celebramos que después de casi 500 años, las doctrinas de la Reforma prevalecen y seguimos siendo una “ecclesia reformata, semper reformanda” hasta que Cristo venga. Amén.



miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Qué está mal en el mundo?

Hay una tendencia humana a minimizar el pecado y a sustituirlo por palabras más aceptables ante la sociedad. De pronto, la gente ya no fornica sino que “tiene relaciones pre-maritales”, las mujeres ya no abortan sino “deciden”, ya no hay homosexuales sino “gays”. Dejamos el lenguaje Bíblico para sustituirlo por eufemismos que entenebrecen la gravedad de nuestro pecado y como consecuencia, la santidad de Dios.

El Rey David sabía que cuando de pecado se trata, los eufemismos no tienen cabida. No puede haber pecados pequeños contra un Dios que es infinitamente grande, santo, bueno, y justo. Es por eso que cuando pecó con Betsabé dijo, “contra Tí, contra Tí solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Sal. 51:4). ¿Sólo contra Dios? ¿Acaso no había asesinado a Urías, violado a Betsabé, y mentido a su propia nación? Si, pero creo que David está corrigiendo en sí mismo la tendencia que tenemos de ver el pecado horizontalmente y olvidar que el pecado principalmente es vertical; el pecado es pecado porque es en contra de Dios, de tal manera que si tratamos de minimizar el pecado, como consecuencia no veremos a Dios tal como es. Si tomamos el pecado con ligereza, también tomaremos a Dios con ligereza.

D.A. Carson escribe que “la maldad es maldad porque es una rebelión en contra de Dios. Las dimensiones del pecado son establecidas por las dimensiones de Dios; la fealdad del pecado es establecida por la belleza de Dios; la impureza del pecado es establecida por la pureza de Dios; el egocentrismo del pecado es establecido por el amor de Dios”. Cuando percibimos a Dios tal como es, entonces podremos saber que aparte de Cristo yo no soy mejor que Osama Bin Laden. Yo soy Hitler, Stalin, Nerón. Es tan sólo por la virtud de Cristo que soy justificado ante un Dios santo. Entre más veamos lo pecaminosos que somos, tanto más apreciaremos la gracia de Dios.

Recuerdo haber leído que el Times de Londres alguna vez le pidió a varios escritores que contribuyeran un ensayo como respuesta a la pregunta “¿Qué está mal en el mundo?” Entre ellos estaba G.K. Chesterton quien escribió tal vez el ensayo más corto de la historia:
Estimados Señores:
Yo.
Sinceramente,
G.K. Chesterton.

Romanos 3:23 dice “Porque cuanto todos pecaron y están destituídos de la gloria de Dios”. A menos que no entendamos la gloria de la santidad de Dios, no tendremos idea de la gravedad de nuestro pecado. ¿Qué está mal en el mundo? Pablo respondió “...pecadores, yo soy el primero” (1 Tim. 1:15 b).